La prevención del abuso sexual infantil a través de las TIC

Artículo escrito por Irene Montiel, responsable del Servicio de Atención Terapéutica y Jurídica de la Fundación Vicki Bernadet

En España, uno de cada cinco menores ha experimentado alguna solicitud sexual indeseada a través de internet, y en más del 90% de los casos, esta situación les ha provocado un intenso nivel de malestar (Montiel, Carbonell y Pereda, 2016).

Con el rápido desarrollo de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC), el abuso sexual infantil (ASI) se ha extendido a un nuevo contexto y ha adquirido una nueva dimensión, la virtual o cibernética, modificando las características de su dinámica victimogénica y traumatogénica.

La cibervictimización sexual es un tipo de abuso sexual que no necesariamente implica un contacto físico entre la víctima y su agresor y puede adoptar múltiples formas. Las más conocidas son:

  • el online grooming o preparación en linea
  • el ciberacoso sexual
  • la sextorsion
  • el sexting coercion o intercambio coaccionado de imágenes sexuales
  • la exposición indeseada a contenido sexual
  • la explotación sexual de imágenes de abuso o pornografía infantil.

Y no sólo están íntimamente relacionadas entre ellas, sino también con otras formas de victimización infantil, como el abuso sexual infantil con contacto físico, el acoso y el ciberacoso escolar. Esto perjudica gravemente el bienestar y el desarrollo psicosocial de estos menores y los convirte en polivíctimas que afrontan la violencia como una situación crónica más que como un acontecimiento puntual.

Características de la cibervictimización infantil

Una de las características principales es que mientras la situación abusiva puede ser de dominio público en el entorno próximo de la víctima o su agresor mediante la difusión de fotos, videos, etc., también puede pasar desapercibida para los adultos que no se mueven en los mismos entornos virtuales. Además, todavía hoy tendemos a pensar que el hecho de que los niños y las niñas estén en casa quiere decir que “están a salvo”, obviando que viven hiperconectados a través de múltiples dispositivos. Muchos entornos digitales carecen de guardianes eficaces para disuadir a los groomers o abusadores y proteger o empoderar a sus víctimas, ya sea por analfabetismo digital, negligencia o colapso emocional.

Empoderamiento digital de los niños y niñas

Los niños y las niñas deben desarrollar su identidad y habilidades digitales y su autonomía personal también en este nuevo contexto de socialización que es el ciberespacio, y es normativo y funcional que confíen más en sus iguales tecnológicos que en los adultos, inmigrantes digitales que ponemos límites a su tecnofilia y tendemos a minimizar sus problemas cuando aparecen (“son cosas de niños”, “si no te ha tocado no pasa nada”) o, lo que es peor, los culpamos (“pero tú las enviaste”) y los aislamos de su mundo (“castigado sin internet”). A esto hay que añadir que la persecución legal de este tipo de conductas no es fácil y presenta todavía muchos retos a nivel policial, procesal y legal, por lo que no es de extrañar que diversos estudios hayan confirmado que en general, las situaciones de cibervictimización sexual infantil se revelan incluso menos que las de abuso sexual infantil tradicional.

La dinámica de aislamiento perpetúa el silencio y el abuso online

Hay distintos elementos que se elementos que se suman al impacto psicológico de la propia victimización sexual y al efecto amplificador del ciberespacio (audiencia mundial, velocidad, permanencia de los contenidos, ausencia de control, …):

  • Identificar la dinámica de victimización y sus protagonistas.
  • Tomar el control sobre el proceso de revelación y situar la responsabilidad en la figura del abusador y no en la propia.
  • Reconocer la necesidad de ayuda y además, sentirse merecedor de la misma y solicitarla.
  • Liberarse de los sentimientos de vergüenza y culpa que presentan estos menores y son reforzados por la habitual respuesta estigmatizadora del entorno.

Las cibervíctimas sexuales presentan una menor cohesión familiar, autoconcepto académico, familiar y emocional y hacen un mayor y más arriesgado uso de internet. Los casos más graves son de chicas entre 14 y 16 años con un elevado y arriesgado uso de internet, bajo autoconcepto físico y emocional, que han vivido más formas distintas de victimización online y con más frecuencia, y que manifiestan un mayor nivel de malestar (Montiel, 2015).

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Estrategias preventivas ante el abuso infantil online

Desde una perspectiva criminológica, las estrategias preventivas deberían centrarse en tres aspectos básicos:

  1. Reducir la motivación de los ciberabusadores para captar a víctimas menores dificultándoles el acceso a las mismas y maximizando su percepción de riesgos.
  2. Promover la alfabetización digital y las habilidades de autoprotección por parte de los propios menores, fomentar sus capacidades resilientes y generar espacios genuinos de desconexión.
  3. Empoderar a las figuras protectoras y visibilizar los sistemas de control informales para facilitar la detección y la revelación de los casos creando entornos seguros de confianza que garanticen la intervención inmediata a nivel familiar, asistencial y legal.

La consideración de la cibervictimización como un “juego de niños” que carece de gravedad suficiente para ser denunciado o investigado, o que la víctima haya mantenido comportamientos sexuales de riesgo en línea, son aspectos clave en el proceso de revelación y denuncia, tanto si se dan realmente como si constituyen creencias irracionales de las víctimas o quienes tienen la obligación de protegerles. Modificar estos esquemas cognitivos es imprescindible si se quiere reducir la elevada cifra negra de estos delitos, conocer la magnitud real del problema y ofrecer las estrategias de prevención e intervención más adecuadas.

DECÁLOGO PARA UNA PREVENCIÓN EFICAZ
DE LA CIBERVICTIMIZACIÓN SEXUAL INFANTIL

  1. Identificar y diferenciar las relaciones saludables basadas en la igualdad y el respeto mutuo de las relaciones perjudiciales basadas en el desequilibrio de poder y la manipulación.
  2. Información sobre los riesgos online y las estrategias de afrontamiento eficaces. Aprendizaje colaborativo y supervisión no intrusiva.
  3. Toma de conciencia sobre las consecuencias de los comportamientos online (psicosociales y legales), para uno mismo y para los demás. Recuperar la conexión emocional.
  4. Conocimiento y respeto hacia la sexualidad infantil y el desarrollo sexual y afectivo de los niños y las niñas. Es su derecho.
  5. Alfabetización y empoderamiento digital de niños y niñas, para que sean agentes de cambio proactivos y participantes. Escucharles y aprender de ellos y ellas.
  6. Alfabetización digital de educadores y cuidadores. Aprender su idioma para acompañarles.
  7. Reforzamiento de conductas responsables y prosociales online. Modelos de conducta prosociales exitosos.
  8. Espacios genuinos de desconexión positiva y descarga cognitiva.
  9. Entornos seguros de confianza para los menores basados en la aceptación incondicional y la validación emocional por parte de adultos de referencia.
  10. Difundir y normalizar las claves: Prevenir Es Proteger y La No Acción Es Desprotección.

Referencias

  • Montiel I., Carbonell E. y Pereda, N. (2016). Multiple online victimization of Spanish adolescents: Results from a community sample. Child Abuse Negl., 52, 123-34.
  • https://www.coe.int/en/web/children/2017-edition