¡Feliz Día del Libro! Relatos ganadores del Concurso Literario

Desde la Fundación Vicki Bernadet os queremos desear  una Diada de Sant Jordi maravillosa.

En este día tan especial queremos compartir con todos vosotros los tres relatos que han resultado ganadores del primer concurso literario que hemos organizado desde la Fundación. Estamos muy contentos con la participación y esperamos continuar en esta línea, dando un espacio para poder hablar de los ASI a través de un medio tan hermoso y liberador como puede ser la literatura.

Los criterios que hemos tenido en cuenta para seleccionar a los ganadores han sido su calidad literaria y que promuevan la sensibilización y la prevención de los ASI desde un punto de vista pedagógico. El relato ganador FVB nos ha impactado profundamente por su tono vitalista y esperanzador. El relato Octubre de Jèssica Mollán  ha sido escogido por su poesía y sensibilidad. Finalmente hemos creado una Mención Especial para Un grito en el vacío de Berta Castells, quien con tan solo quince años ha retratado de forma magistral una situación de ASI. ¡Felicidades a las tres!

Queremos agradecer enormemente a todos los que nos habéis enviado vuestras obras y las palabras de apoyo que hemos recibido junto a vuestros relatos. Después de esta grata experiencia tenemos la sensación que hemos avanzado unos pasos en nuestra gesta de romper el silencio. Feliz día del Libro, ¡Feliz Sant Jordi!

Mayuli, Ganadora de concurso de relato

Ganadora: Mayuli (38) por FVB

Hoy me he levantado con ganas de tocar lo que no suena, me siento bien, con ganas de guerra, con fuerzas para saltar, bailar, cantar, gritar, correr y sentir el viento en la cara y el sol en la piel .. . explicarlo todo …

No, tal vez mejor que no. No es el primer día que me levanto con este sentimiento y al final me acabo tirando atrás, a saber porqué.

Pero ¿y si hoy fuera diferente? No, no, no, mejor que no porque quizás la lío y luego ya no me podré echar atrás. Pero es que la situación ya me cansa, hace mucho, tengo agotamiento psicológico y físico, tengo ganas de terminar todo, de tirar de la manta, de descubrir el pastel, poner las cartas boca arriba y que sea lo que haya de ser.

Buff, no, no, que si no me creen no tengo manera de demostrar nada, eso ya me lo he planteado antes muchas veces y no tengo como, no tengo ninguna prueba de nada, sería mi palabra contra la suya. A veces pienso que sería mejor si alguien viera que hay cosas extrañas, en mi comportamiento, en su, en nuestra relación … y que me preguntara qué me pasa, qué tengo que me hace estar así, pero nadie imagina nada, nadie ve nada, por lo tanto, nadie hará nada. Son sentimientos encontrados, porque por otra parte, a veces me da miedo ir por la calle y que la gente cuando me pasa junto vea algo extraño, vea lo que me pasa, y me muero de vergüenza. Qué complicado y contradictorio todo …

Ya está, tengo que dejar de darle vueltas, llevo tiempo con éstos si o no, con este runrún en la barriga, y ahora, ya hace tiempo que tengo la sensación de que no soy culpable de nada, que era una víctima inocente y que ya ni siquiera tendría que sentirme así.

¡Venga, va! ¿Por qué perder más tiempo? Si espero más me volverán a marchar las ganas, las fuerzas y volveré a no ser capaz y no me lo puedo permitir. Hoy tengo la oportunidad de cambiarlo todo y empezar una nueva etapa, una nueva vida. Pero y si esta nueva vida no es mejor que la que vivo ahora? Seguro que al principio no lo será, seguro que me coserán a preguntas, el morbo del tema, las miradas, pero tengo que hacerlo, y lo haré, para que a la larga será mejor, lo voy a conseguir

– Fundación Vicki Bernadet ¿diga?

(Escrito originalmente en catalán)

Jèssica Millán, Finalista concurso de relato

Finalista Jèssica Milán (28) por Octubre

Un mismo instante unió la vida y la muerte. La madre lloraba la hija mayor y a la vez tomaba la pequeña entre sus brazos, prometiéndole que nunca dejaría que le hicieran daño.

Cuando la pequeña empezó a crecer, la madre la protegió de las espinas de las rosas, los caramelos que ofrecían los desconocidos y de las películas violentas. La alejó de las calles oscuras, de las amigas de clase que se pintaban las uñas y del vecino del quinto que se sonrojaba cuando se cruzaban las miradas. Su casa se convirtió en un templo sagrado, donde el mundo exterior era peligroso y temible y la seguridad del hogar incuestionable.

Tal como le enseñó la madre, los monstruos no se escondían debajo de la cama ni dentro del armario. Pero nadie la advirtió de que algunos monstruos que visten con corbata y camisa de rayas y que podían acceder a la intimidad de su cuarto cuando la madre no estaba. Su corazón no entendía como las mismas manos cálidas de un padre que, después de cenar la abrazaban mientras le leían un cuento, pudieran hacerle todas aquellas cosas que la hacían sentir tan sucia.

Con la conexión propia de las gemelas, un cordel invisible la mantenía unida a su hermana más allá de la distancia y del tiempo. Las noches de miedo, cuando la sombra del amor y el odio se unían en una misma emoción, se reencontraba con la hermana en un valle iluminada por la luz de la luna amarilla. Una delante de la otra, separadas por una poza que se había llenado de lágrimas y tristeza.

Pero el miedo no puede permanecer siempre escondido en la oscuridad y una noche, como había habido tantas antes de aquélla, cuando acudió al refugio mágico con la hermana, el pozo se derramó; como una avalancha de agua salada y de secretos sucios, salpicando el paisaje estático que estaba pintado con la destreza del que no se sale nunca de la raya.

Al día siguiente, cuando el padre ya hacía rato que se había ido al trabajo y la madre preparaba tostadas con mermelada para el desayuno, la pequeña abrió su corazón y un hilo de luz iluminó la cocina, dejando en libertad las mariposas de la tritesa y del miedo. La madre la abrazó, mordiéndose el labio y conteniendo el cúmulo de emociones que le formaban un nudo en la garganta. Sintiéndose invadida por la calma del que comprende que tiene que hacer, se agachó, le puso el cabello por detrás de la oreja y dándole un beso en la mejilla, la cogió de la mano. Abrió la puerta al exterior que había temido durante tanto tiempo y la cerró tras de sí, para no volver a abrir nunca más.

(Escrito originalmente en catalán)

Berta Castells, Menció Especial

Mención Especial: Berta Castells (15) por Un Crit al Buit

«10 de enero de 2004, querido diario.

 Hoy he ido al instituto, como cada día. Últimamente, cuando estoy en casa, siento que cada vez que voy a algún rincón, me sigue. No sé, tengo la sensación de que me quiere tocar, que quiere ver cada movimiento que hago, cada respiración, la quiere oír. Cada palabra que digo la quiere escuchar infinitas veces y mirarme hasta gastarme.

Yo, me siento (no sé si decirlo así), pero intimidada, por sus ojos, antes llenos de amor hacia mí, pero ahora tienen otro significado cuando me miran, tienen otras intenciones. Estoy muy cansada y hoy ha sido muy extraño todo esto, mañana te seguiré contando mis cosas, gracias por guardarme los secretos cada noche. »

– Aquí empezó todo – Respondió la madre al juez, con lágrimas en los ojos y bajando la mirada –

– Proseguimos con el testimonio que incrimina a nuestro culpable Pol Genovell, por favor continúe usted, señora María, madre de la víctima, Jana.

– Ella, casi sin aliento ni palabras siguió, a pesar de las dificultades emocionales que le provocaba … – «Estimado…

«20 de enero de 2004, estimado diario.

 … He sentido su aliento y labios en la nuca, y sus manos gigantes y secas del frío en mi pierna, he podido sentir como el corazón se me aceleraba y empezaba a temblar. Sutilmente me ha ido subiendo la mano por la pierna, sin decirme nada, solo me miraba y sonreía vagamente, mientras veía el miedo en mis ojos, todo es muy extraño, tengo miedo…»

-Por favor, siga leyendo señora – pidió el juez.

-Ella No podía subir la mirada, ya que estaba bañada en un mar de lágrimas, y lo veía todo borroso. Cuando pasaron unos segundos y ella no respondía, movió el brazo izquierdo y luego se secó las lágrimas que le caían en las mejillas antes de llegar a los labios. Respiró y continuó- «Tengo miedo …

 «Que mis ojos dejen de verlo tal como lo he visto siempre. Que su nombre me provoque miedo, y que los recuerdos que tengo, los felices, se borren de mi mente, no quiero recordar el hoy ni el ayer, quiero borrar de mi memoria y volver a empezar, seguro que no será nada. Mañana te contaré más sobre mis secretos, gracias una vez más.»

– Casi paralizada, sin fuerzas para continuar leyendo pasó la página del diario y continuó, ahora con la voz quebrada – «Querido …

«28 de enero de 2004, querido diario.

… Dice que ya podemos jugar a juegos de adultos, que ya no soy una niña. Yo me resisto, pero me amenaza y me dice que si no hago lo que él quiere me hará daño, y que si lo cuento a alguien, no me dejará tranquila ni cuando duerma. Lleva muchos días entrando en mi habitación. Siento unos pasos, que cada vez se acercan más y se van ralentizando, se acercan a mí, ya siento el corazón, cada latido es más rápido, cierro los ojos y cuando siento que ajusta la puerta sin hacer ruido, me resbala una lágrima por la mejilla, siento impotencia, cada cosa que me hace, me provoca asco, ganas de llorar, pero no puedo, hemos hecho una promesa, si yo no digo nada, él no me hará daño. Pero a mí, ya me hace cada vez que me toca la piel, me sonríe, me besa, y no lo puedo contar a nadie. Tú eres el único que lo sabe, contigo se que puedo confiar, gracias por guardarme el secreto.»

– A la madre, ya le temblaba el pulso y no pudo seguir con las pruebas de la declaración, pero el juez dio paso al abogado del culpable para que hiciera preguntas a la declarada.

– Viendo la declaración, señora María, me gustaría saber cómo ha podido acceder a esta información – Dijo el abogado.

Ella, respondió, mirándolo fijamente – Llegué a casa un día después de trabajar, y encontré su diario al comedor, yo la iba a llevar a su habitación, pero me resbaló de las manos y cayó en el suelo, se abrió, y yo, movida por la curiosidad de saber más de ella, me puse a leer … y bien, encontré estos fragmentos y muchos otros, que no tengo fuerzas para leer, no supe reaccionar de la mejor manera.

– El abogado, respondió – ¿Cómo sabe que su hija no miente? ¿Cómo sabe que todo esto ha pasado? …

Ella con los ojos llorosos, y una lágrima a punto de derramarse, contestó con un débil hilo de voz – Unos días antes de ver el diario, ya notaba a jana extraña. Llevaba ya tiempo sin ser la de siempre pero, como no decía nada, no me preocupé. Llegó un día en casa, y bien, le pregunté que porqué no quería cenar, qué le pasaba … y ella me respondió que no se sentía a gusto en casa, yo le pregunté, nerviosa, y ella me respondió que … que … mi marido, estaba haciendo cosas extrañas con ella, y que había intentado guardar el secreto, como él le había dicho, pero no había podido. No quería que yo le dijera nada, que si no le haría daño. Yo, cegada por el miedo, reaccioné de la peor manera, le dije que no podía ser verdad, que todo eran historias suyas. Estuve muchos días distante de mi marido, y con miedo de no saber qué pensar ni qué hacer, pero cuando vi el diario, vi todo claro. Jana no tiene ninguna necesidad de mentir, y menos a mí, a su madre. Yo era su punto de apoyo, su diario secreto, y no supe ponerme a la altura de la situación, la dejé desprotegida.

– El abogado, miró a la declarante y luego al juez, no pudo hacer más preguntas.

El juez, al ver que el abogado defensor del acusado no tenía más preguntas, dio paso al abogado defensor de la víctima para que interrogara la declarada.

– Señora María, me gustaría saber cómo reaccionó su hija después de que usted no se creía lo que ella le había dicho.

– Jana, ya me lo dijo insegura, con los ojos tristes y sin muchas ganas de hablar, cuando vio mi reacción ante sus palabras, bajó la cabeza y pude ver cómo le temblaba la barbilla y le caían las lágrimas en la mano que tenía encima muslo. No alzó la mirada en ningún momento, estaba paralizada y no le noté ni un triste movimiento. Estaba hundida, yo era la única que podía rescatarla, y no lo hice.

El abogado, asimiló la respuesta e hizo una aclaración y otra pregunta relacionada con su hija – La Jana, ahora tiene 17 años, esto le empezó a pasar los 14, aunque ahora, va al psicólogo y tiene un seguimiento constante. Usted como la ve?

La madre, abatida y con ganas de acabar con todas las preguntas, le contestó:

– Es muy fuerte ¿sabe? pero nunca podrá volver a ser la de siempre, nunca podrá volver a vivir los años que ha perdido, que ha perdido triste, hundida y guardando un silencio que debería ser un grito. Su silencio fue un grito en el vacío. Solo nosotros, los que estamos con ella, sabemos lo que cuesta volver a empezar y solo ella, sabe lo que cuesta levantarse y hablar, hablar, sin miedo, ahora con fuerza.

Y yo ahora ¿qué debo hacer? – Preguntó a Jana, que estaba sola en una sala, mientras que al lado se estaba juzgando los hechos hacía dos años, en los que ella fue la víctima, en silencio. Estaba realmente nerviosa y con ganas de hablar, de gritar, de explicar a todos el daño que le habían hecho, el dolor que llegó a sentir y el desequilibrio que le provocó, pero no le dejaban, no dejaban que ella hablara. Ver su padre, el abusador, con sus propios ojos, le haría mucho daño, reviviría cosas del pasado que le hicieron daño, mucho daño. Se puede curar, pero siempre queda la cicatriz. Ella, de no haber escrito en un pedazo de periódico todas aquellas palabras, quizás ahora, su secreto hubiera sido su final. El silencio del acosado, siempre, es la fuerza del abusador.

Ahora, después de todo este tiempo, el último que le hace falta es esperar, y luchar, más de lo que ha hecho hasta ahora, ser fuerte y seguir viviendo, vivir intensamente. Esto lo tiene claro, gracias haber roto su silencio ha podido liberarse, pero siempre le pesará aquel enero de 2004.

(Escrito originalmente en catalán)

El premio que han recibido les ganadoras ha sido un pack de las obras galardonadas del Premio fada a la Cultura 2015.