Una sentencia esperanzadora.

El pasado 24 de Junio, la «Corte Interamericana de Derechos Humanos», el equivalente al Tribunal Europeo de Derechos Humanos, dictó una sentencia mediante la cual declaró la responsabilidad del Estado de Ecuador por la violencia sexual sufrida por la adolescente Paola del Rosario Guzmán en el ámbito educativo estatal. La niña sufrió abusos sexuales del Vicerrector de la escuela a la que asistía, lo que tuvo relación con su suicidio. La sentencia culpa a este Estado también, de la violación de los derechos judiciales y del derecho a la protección judicial, en relación con el derecho de igualdad ante la ley en perjuicio de la madre y la hermana de la niña y la violación del derecho a la integridad personal de estas familiares de la víctima. 

En definitiva, el Estado de Ecuador incumplió la defensa de dos Derechos Humanos reconocidos, por un lado con la falta de tutela judicial efectiva al no perseguir al acusado y permitir la prescripción del delito y en segundo lugar contra los derechos fundamentales de la niña. 

A este Tribunal se someten voluntariamente los países sudamericanos firmantes de la Convención Americana de los Derechos Humanos, por lo tanto, esta sentencia constituye un precedente que puede vincular a los Estados firmantes de este convenio, y puede representar un cambio que implique más diligencia a la hora de proteger derechos fundamentales y perseguir a abusadores. 

Petita Albarracín, madre de Paola Guzmán, testificando delante de la comisión.

Parece que soplan vientos favorables con la defensa de los niños y las niñas y con la responsabilidad institucional y colectiva de esta defensa. 

Los Derechos de los Niños no son algo secundario ni complementario, son Derechos Humanos y la Convención sobre los Derechos de los niños y las niñas supone un reconocimiento del deber de proteger, en todo el mundo, a todos los menores de edad de injusticias graves que pueden limitar sus posibilidades de desarrollo y causar mucho sufrimiento. 

Son muchas las generaciones que han vivido la relación entre adultos y niños de forma muy jerárquica y descompensada, en la que la palabra del niño o niña carecía de valor, y en la que la defensa de los derechos fundamentales de los niños resultaba anecdótico. Si existe una lucha legítima y global sin fisuras es la de los Derechos Humanos, y si existe una motivación transversal a todos los humanos del planeta es la de cuidar de los niños y preservar nuestro futuro común. 

Ahora bien, todo cambio integral, para llegar a ser realidad, necesita de la complicidad de todos y cada uno de los miembros de la sociedad, sea la que sea. Es necesario, que más allá de la anécdota, todos nosotros entendamos que nada cambia si no queremos cambiar y nada avanza si no entendemos hasta qué punto es necesario trabajar conjuntamente en un futuro siempre mejor. 

Por encima de los intereses personales está el bien común, es la hora de tomar conciencia y generar un cambio más que necesario. 

Instituciones, profesionales, familias y ciudadanía haciendo frente común ante un reto único. 

Las Reparaciones que dictaminó la Corte IDH en el caso de Paola del Rosario, incluyen que en el plazo de un año, el Estado de Ecuador identifique medidas, adicionales a las que ya está implementado, para corregir y subsanar insuficiencias en relación con información estadística sobre situaciones de violencia sexual contra niñas o niños en el ámbito educativo; la detección de casos de violencia sexual contra niñas o niños en este ámbito y su denuncia; la capacitación a personal del ámbito educativo con respecto al abordaje y prevención de situaciones de violencia sexual; y la provisión de orientación, asistencia y atención a las víctimas de violencia sexual en el ámbito educativo y / o sus familiares. Todas estas medidas convergen con muchas de las demandas que el colectivo de víctimas, nacional e internacional, reclama desde hace décadas. Y todas estas demandas tienen una única cosa en común, su resolución depende de la implicación de cada uno de los agentes que formamos parte de la sociedad donde convivimos. 

Es hora de acompañar a las víctimas, es hora de darles prioridad, es hora de ser conscientes de su realidad y formar parte de la lucha hacia un futuro libre de abusos sexuales infantiles. 

Un Reto Común.